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de birras y putas... chapter III

ACOMPAÑADOS



Yo nunca había ido a ese lugar, en realidad a ningún cabaret había ido, y desde entonces no lo he vuelto a hacer tampoco.

Llegamos a un lugar oscuro, con unas mesas, cumbia y cuarteto de fondo, unas mesas de pool, unos tipos con cara al mejor estilo Redneck’s (assperos) y unas señoritas ligeras de ropa bailando con otros señores.

Se nos acercó un tipo, nos pregunto que íbamos a tomar. Pedimos birra, que nos la trajo junto a dos vasos cortitos, como los que uno a veces tiene en la casa, que son bien berretas y tienen unas formitas raras, todos tienen de esos, los mas comunes. Esto para dar cuenta de la clase de lugar donde nos metimos.

Nos sorprendimos del precio de la cerveza, era muy barata, casi al costo la vendían.

Y hasta ahí todo tranquilo.

Redepente, dos corpulentas damiselas se nos acercaron y posaron sobre nuestras faldas y comenzaron a darnos charla. Terminando nuestra bebida, nos dijeron si íbamos a pedir otra. Les dijimos que si, claro, como que no.

Lo que no conocíamos era el termino “con acompañante”, la misma barata cerveza ahora costaba exactamente 5 veces mas.

Las chicas nos charlaban, no recuerdo bien de que en ese momento.

Quién aposentaba en mi regazo me dice dulcemente:

- Estas incomodo bebe?

Mi respuesta fue un vaivén con mi cabeza, no de si, tampoco de no.

- Querés que mejor me siente en una silla?

Ahí si asenté con mi cabeza. Es que realmente estaban sobradas de carne las mujercitas.

Y mientras seguíamos tomando la cerveza ella me hablaba sin parar; yo la escuchaba pero no le daba mucha bola, me hacia el que si, no era difícil solo mantenía los ojos abiertos, y movía la cabeza como los perritos feos que suelen poner en el torpedo o luneta del coche.

Pero mi cabeza estaba ocupada pensando:

- Que hora es? Con cuantos habrá estado esta noche ya? Que cosas le habrán hecho? Y mierda que es fea la misionera esta.

Además no estaba para esas andanzas, yo en esos días disfrutaba de la compañía de una señorita muy linda que se había adueñado de mi corazón, mi primer amor. Así que lo último que iba a hacer era cruzar la puerta del pasillo oscuro ese que se veía a un costado, acompañado de un “matuasto” para que me saque plata, porque con el estado que tenia como mucho lo que iba a lograr sacar era pendejos de entre sus dientes intentando que le pase algo.

Luego todo cambio y logro captar toda mi atención en las cosas que me contaba.

Me empezó a contar del rubro, los gajes del oficio digamos, de las cosas que le pedían, los regalos que les daban y otras trivialidades para sorprenderse reírse.

Y yo le dije, mirá, yo no voy a ir a ningún lado con vos, así que si vos querés anda si tenés que laburar o algo, yo me quedo piola a tomar mi cerveza. Ella me dijo que no, que prefería quedarse, yo le pregunte de nuevo y ella me lo reafirmo.

Entonces la conversación fue cambiando de tono, me dijo su nombre y tristemente ella empezó a contarme que venia de Misiones, que había estado en muchos lugares, que otra hermana de igual forma se prostituía; me narró los maltratos que sufrió, los engaños, me hablo de drogas también de amor.

Ella me pregunto si conocía a alguien. Y yo le conté, que estaba con alguien y empecé a hablar de mi chica, de cuanto la quería y como la valoraba.

Ella sanamente envidió a mi pareja. Y con dulzura me miraba cuando yo hablaba de ella. La nostalgia y una profunda tristeza predominaban en sus ojos.

Es inenarrable contar mucho menos que yo puedo recordar como me gustaría toda su historia.

Pero den por hecho, que aunque ese fue mi único contacto con una trabajadora sexual, para mi fue suficiente para tenerles a todas, no solo a ella, no pena, si no respeto. Muchísimo respeto.

Es extraño, como yendo a un lugar donde supuestamente va en busca de un servicio, termina escuchando una historia tan fuerte y como uno, termina siendo de oreja psicológica de alguien.


de birras y putas... chapter II

EL AMANECER

Padre amigo: despiértense manga de putos!

Mi cabeza reposaba sobre la entrepierna desnuda de mi amigo, sobrando la mitad del cuerpo hacia fuera.

Mamá amigo: Faaaaa que olor a perfume barato de puta que tienen ustedes dos!

Yo descaradamente: Buen día Má Cristina.

Nos dictaminaba la madre de mi amigo un domingo de familia en la mesa, y nosotros con tremenda resaca.

Me divertía el hecho de saber que Andrés (amigo del que ya hable en otra entrada) no iba a recordar al menos lo ocurrido por así decirlo en la segunda parte de la noche.

Pero vamos a reconstruir los hechos.

Sábado a la noche. Cenamos en la casa de Andrés y nos tomamos unos buenos ferneses para ir entonando la noche.

Llamamos un remís. Esa noche andábamos con plata. Vale destacar que somos estudiantes y que “salir con plata” para nosotros es una forma de decir, quizás lo que gastamos para otra gente es un vuelto. Sólo digamos que teníamos capital suficiente para movilizarnos toda la noche en remís y tomar cantidad de cervezas, un whyski, un vino y alguna que otra cosa.

Continúo. Pedimos móvil y partimos a la avenida, a hacer el maratón de pub’s y bares, que consiste en recorrer la avenida y tomar algo en cada lugar.

Terminamos con el recorrido. A otro pub. Terminamos ahí y nos dirijimos a otro lugar mas lejos.

Ya la noche se nos acababa y los bares dejaban de vender alcohol.

- Que hacemos?.

- Vamos a un boliche?

- No se, no da; hasta que llegamos y pagar para estar un rato, aparte después volver.

- Y si vamos a tomar algo a…

- Te parece? (yo siempre tratando de equilibrar y pensar en que estamos por hacer). Si se va a la mierda de una vamos.

6.40 a.m. Llamada telefónica de mi amigo a Don Padre.

- Viejo, nos vamos al Venus, te avisamos por cualquier cosa.

Y ahí estábamos, subidos al remís, con la indicación de: - vamos al bulo.



de birras y putas...

SALIDA DEL BULO

Se me acerco Andrés, balbuceamos palabras en un intento de conversación y dijimos – vamos!

Ni bien me paré, se me movió todo el lugar, así que me dirigí en busca de un toilett , estaba muy oscuro y yo que no entendía nada, me di cuenta que lo encontré cuando me topé con un olor totalmente nauseabundo, del que prefiero no dar detalles para evitar que vomiten el teclado. Solo imaginen que con tal de no entrar al baño se me fueron las ganas de vomitar (en realidad se me vino un poquito e imite las vacas).

Por fin salimos del lugar, era día con un sol radiante que nos dejo cegados por un momento. Subimos a un taxi que nos llevo al barrio de mi amigo. Él, gauchito, se durmió, y yo no sabia como llegar, porque hacia poco que él se había mudado y yo recién ese día fue la primera vez que fui a su casa.

Llegado al barrio el tachero nos dice tosco: Dónde es?

Yo (intentando despertarlo): Andrés. Andrés. Andrés, donde es tu casa boludo?!

Él: que se yo donde es!

Tachero encabronado: Bueno entonces se bajan!

Le pague como pude (o sea con dinero) y miramos en todos los sentidos en la esquina donde nos habían dejado. Encima todas las casas iguales. Mi amigo mira y dice, ahí esta mi casa boludo. Eso se llama orto, porque su casa es en el fondo del barrio.

Imaginen esta escena: amigo intentando abrir la puerta, agachado con la frente en el picaporte, y la mano con la llave pegada a su mejilla.

Y por supuesto que a mi no me iba a dejar abrir, él tenia que hacerlo, así que yo mientras me dormía una siesta en el cantero de la entrada.

Al rato, abrió la puerta su padre tras escuchar las vanas insistencias de su hijo. Observando la patetica imagen nuestra, como diriamos “destroyed” (digase “distroi”).

Dentramos y caímos en la cama según la forma que cada uno le veía, Andrés la encaro del costado y yo por los pies, quedando en la posición en una posición bastante, muy comprometida. Pero... cómoda.