
La calurosa mañana veraniega hacia notar mas la humedad de sus pieles que se habían empapado toda la noche entre lagrimas y miles de besos.
Todo terminaba allí.
Era una despedida prederteminada haciendo caso de absurdas lógicas y sentimentalismos; obviando todo tipo de nota que dicte el corazón, haciendo omisión de los iones que imantaban y atraían sus labios.
Era un desalojo al amor que en ellos habitaba.
Se encontraba ella y él, esperando el colectivo que los hiciera darse la espalda y no volver a verse. Estaban anudados en sus brazos, se juraban amor y desafiaban el olvido sellando sus palabras con más besos y más abrazos desconsolados.
Parecían estar solos; pero cincuenta metros distantes un grupo de personas observaba en silencio, tratando de leer los labios curtidos de esos jóvenes enamorados.
Llego el colectivo, se estremecieron una vez más con besos y abrazos.
Él subió y se sintió muy observado por la gente, pues era la misma que antes observaba la despedida. Se percato de la lastima que los otros tenían para con el, pues su cara denotaba la tristeza en sus ojos brillantes y rojos. Se sentó en un lugar vació al lado de una viejecita. Suspiro con su cabeza cabizbaja cerrando sus ojos y mordiéndose los labios, hizo un ademán negativo con al cabeza. El colectivo solo había hecho 3 cuadras, y él decididamente se paró y saltó del transporte para correr y dirigirse a la casa de su amada. A través de las ventanillas la gente que había presenciado toda la escena lo observaban tiernamente y con sus sonrisas le deseaban suerte y le obsequiaban valor para darle lucha al duelo. Otros en cambio con sus ojos le decían que no, que no fuera, que iba a arruinarlo que seria en vano. Pero era tarde. Él, tenía algo que hacer, no podía dejar cosas pendientes, debía poner las cosas en su lugar.
Llego a su ventana, la golpeo (a la ventana); y ella totalmente impresionada lo miro a través del opaco y sucio cristal como él, agitado y exaltado con sus ojos le decía – Aquí estoy, he vuelto a ti.
Ella abrió rápido la puerta y él rompió con todo contexto melodramático absurdamente con palabras de total preocupación emitiendo el siguiente reclamo ¡¡¡ME OLVIDE LA RODILLERA!!!
PD: Sí. “Él” soy yo. Y soy un asco lo sé, tengo tendencias muy fuertes a romper con “el momento”; no puedo es mas fuerte que yo.
Aparte no entienden yo no podía andar sin mi rodillera, porque si algunos recuerdan yo sufrí una rotura de ligamentos cruzados, y no podía andar por la vida así nomás con mi rodilla moviéndose de acá para allá. Ahora debo explicarles que no salí corriendo del cole, iba apuradito. Esto ocurrió hace 6 meses mas o menos, y solo lo sabe algún amigo que ya no tiene respeto alguno que perderme, pero ahora lo cuento porque no siento tanta vergüenza de decirlo. Aunque de todas formas lo recuerdo y me siento un imbécil.
* firma La Rodillera.
Stand By
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vamos a dejar de lado un poco este blog...
mas bien...
vacaciones... o stand by como dije...
demasiada basura para un solo blog.
A falta de imaginacion,...
Hace 16 años